sábado, 6 de abril de 2013

Segundo capítulo.

Después de escuchar sus palabras salgo corriendo, puedo escuchar cómo chilla mi nombre y se va a acercando, pero deja de correr a los pocos minutos, ha de darse cuenta de que ya no puede haber nada entre nosotros. Yo, personalmente, no volvería a soportar que se fuera, que me dejara sola, otra vez. No lo he conseguido superar una primera vez, no debo aceptar una segunda, no debo dejar que vuelva a hacerme daño. No de ese modo. Ni de ningún otro, a pesar de estar perdida y locamente enamorada de él. ¿Por qué cojones es tan perfecto? ¿Cómo consigue hacerme sonreír con una mínima palabra? Pero no. Esto ha de acabar. Si tengo que irme unos días fuera de España, me iré. Si tengo que salir de fiesta cada noche y enrollarme con varios tíos diferentes, lo haré. Pero he de olvidarle. Tengo que conseguirlo. Y sé qué puedo. Con él olvidé a mi primer amor, esos que todos dicen que es imposible de olvidar, ¿por qué no olvidar a Miki? 

Cuando llevo un par de metros corriendo, quizás un kilómetro, por aquella urbanización poco transitada de Barcelona, me siento en un banco que encuentro. Y lloro, lloro todo lo que he estado aguantando estos minutos, lloro lo que llevo aguantando toda la semana, incluso podría decirse todo el mes. ¿Por qué he tenido que venir? ¿Por qué me ha tenido que decir eso, por qué ahora? Y me echo hacia atrás, clavándome algo, lo que me hace, de un rápido impulso, echarme hacia delante y girarme. Y, como no hay bancos en esta urbanización, me tuve que sentar en el que nos juramos amor eterno, hace tan sólo tres años. "Anna i Miquel, per què jurar un sempre poguent estar tota una eternitat junts?"

Me levanto, y después de ubicarme, decido que lo mejor es ir a casa de mis padres, será hora de contarles todo, de que intenten hacerme reír como sólo ellos saben, como cuando era una niña, que con dos palabras ya me hacían reír a carcajadas. Sonrío al recordar todos esos momentos, demasiado feliz fui en mi infancia, junto a mi hermana y a mis padres, siempre tratándome con cuidado, por ser la pequeña. A la media hora o así llego, toco el timbre estrujando la camiseta para que caigan algunas gotas que sobran del agua que la empapa, y en cuanto abre, lo hago, sin dudarlo. Me abrazo a mi madre como si fuera una niña y rompo a llorar, en su cuello. Ella simplemente me acaricia la espalda, me dice que todo irá bien, a pesar de no saber lo que me pasa. 

Ahora es cuando llega la parte más importante.. contárselo. 

1 comentario: